Hacia una Necesaria Cultura Exportadora

La transformación económica más relevante que hemos tenido en los últimos 40 años, ha sido sin dudas, el paso de una economía productora y exportadora de unos cuantos commodities a una economía diversificada, exportadora de bienes y servicios cada vez más sofisticados y de mayor calidad, y al mismo tiempo, a una economía con mayor participación en los mercados internacionales.

La transformación ha sido considerable en razón, de que hace sólo unas cuantas décadas, las exportaciones de azúcar y unos cuantos rubros más constituían cerca del 70% de nuestros ingresos de divisas, y hoy esos mismos rubros representan menos del 6% del total de nuestras exportaciones de bienes y servicios.

Asimismo hace tan sólo 20 años, las exportaciones de bienes no tradicionales, incluyendo los de Zonas Francas, correspondían al 14.6% y hoy constituyen el grueso de nuestros productos exportados, representando el pasado año un 93% del total de las exportaciones.

Del mismo modo podemos resaltar también el enorme significado que tiene, por ejemplo, el hecho de que la República Dominicana sea reconocida como país líder mundial en la producción y exportación de cigarros finos, de cacao y banano orgánico, así como uno de los líderes regionales en la exportación de servicios turísticos.

Indudablemente que ante esta realidad hemos avanzado, si pensamos que las llamadas exportaciones nacionales tienen siete años consecutivos con valores superiores a los mil millones de dólares.

Sin embargo, si en lugar de simplemente compararnos con tiempos anteriores y con nosotros mismos, lo hacemos con respecto a otros países que han priorizado las exportaciones en sus estrategias de crecimiento y desarrollo, como son los casos de Chile, Corea, Taiwán e Irlanda, para sólo mencionar algunos, veremos que nuestro avance, al tiempo que válido, es relativo, y por ende, nos plantea lo mucho que tenemos que avanzar para sostener de ahora en adelante un proceso de transformación para nuestro país, digno del Siglo XXI.

Nuestro empeño como nación, por tanto, deberá enfocarse querámoslo o no, en colocar al sector exportador como una de nuestras verdaderas prioridades, tanto en la agenda empresarial y en la agenda gubernamental, y también en la agenda de nuestros centros académicos y la sociedad civil, pues está más que demostrado con claras evidencias, que sólo ampliando la participación de nuestras empresas en los mercados internacionales, podremos eliminar la pobreza y convertirnos en el país que todos anhelamos.

De ahí, los esfuerzos que hemos venido desarrollando para posicionar nuestra oferta exportable y mejorar nuestra participación de mercado, con miras de alcanzar las proyecciones que nos hemos propuesto, a fin de pasar de unos US$6,546.5 millones en exportación logrados en el 2010, incluyendo las exportaciones de zonas francas, a US$12,000 millones en el 2020, o llegar a exportar al menos $25,000 millones para el año 2030, solo en bienes.

Si las cifras mencionadas le suena ambiciosa como meta a alcanzar, pensemos en Chile, que pasó de US$39.0 billones en el año 2005 a US$69.6 billones de dólares en el pasado año, o en Corea del Sur que pasó de US$284.7 a US$467.4 billones de dólares, estos saltos se hicieron en tan sólo 5 años, con un crecimiento de sus exportaciones de un 78% y 64%, respectivamente.

Para el logro de esta meta es imprescindible cumplir dos condiciones sine qua non: la primera, basar nuestros avances futuros en la exploración de nuevas fronteras, nuevos mercados y nuevos productos; y la segunda, se logrará actuando juntos y moviéndonos en una misma dirección, buscando crear sinergias y alianzas, sellando el camino del diálogo franco y abierto para continuar venciendo aquellos obstáculos que continúan como parte de nuestra agenda hacia un único fin: exportar productos dominicanos de calidad mundial.

En otras palabras, nuestro planteamiento es muy sencillo: proponemos la adopción de una política de inserción estratégica, donde el sector privado se sienta con el apoyo real y efectivo del gobierno y en el cual, el sector privado asuma el desafío que nos plantea el mundo en que vivimos: me refiero a incorporar el capital humano y la innovación como centro de las prácticas competitivas.

De esta manera daremos los pasos indispensables para construir de una vez y por todas el proyecto de nación que todos anhelamos: convertir a la República Dominicana en un país fuerte y vigoroso económicamente, con una población próspera y cada vez más esperanzada de alcanzar la meta nacional, un país donde todos los dominicanos tengamos siempre la oportunidad de progresar y ser mejores ciudadanos.