IED Clave para el Desarrollo del Pais

El Presidente Fernández y el equipo económico de su gobierno han reiterado en múltiples ocasiones su compromiso de continuar promoviendo los flujos de Inversión Extranjera Directa y, desde luego, crear el clima adecuado para también promover la inversión domestica o nacional en los distintos sectores de la economía.

El mantenimiento de la estabilidad macroeconómica, la negociación de acuerdos que mejoran el acceso preferencial en los mercados externos (hoy tenemos acceso a mas de 900 millones de consumidores en UE, EE.UU. y América Latina), nuestra ubicación geográfica, y contar tanto con una infraestructura física, tecnológica de transporte y conectividad de clase mundial, junto a una fuerza laboral joven, dinámica e innovadora, constituyen ventajas fundamentales en nuestra propuesta de valor que presentamos ante inversionistas de todas partes del mundo.

La inversión extranjera ha jugado un rol preponderante en la economía dominicana desde hace tiempo, cuando iniciaron en el país las operaciones de las primeras multinacionales en las áreas de azúcar, cacao y otros rubros agrícolas, así como las primeras incursiones en áreas como la minería, telecomunicaciones y comercio.  Aún durante el proceso llamado Sustitución de Importaciones en los años 40 y 50, las inversiones directas tipo greenfield, las co-inversiones y alianzas dinamizaron nuestra economía y nuestro comercio internacional.

Sin embargo,  no fue hasta los años setenta y sobre todo con el advenimiento de las zonas francas industriales y el turismo, apoyado en políticas de incentivos nacionales y cambios en la legislación de los EE.UU., como lo fue la Iniciativa para la Cuenca del Caribe, que inició una verdadera transformación de la estructura productiva en nuestro país.

Aunque los objetivos principales de los formuladores de la política económica era la de promover el empleo y la generación de divisas, diría que uno de los impactos más cruciales que ha tenido el creciente flujo de IED en nuestro país ha sido la diversificación del aparato productivo nacional, y junto con ello, el impacto de transformación y movilidad social que ha sido inducido por dichas inversiones.

La inversión extranjera ha sido un elemento clave para que la República Dominicana se haya convertido en un exportador neto de servicios, especialmente aquellos relacionados con el turismo, mediante el cual la economía dominicana genera más de US$4,000 millones anualmente y más de 200,000 empleos directos e indirectos.  La inversión española en el sector turismo ha sido fundamental y ha servido para convertir esta industria en una de las más dinámicas de nuestra economía, impactando positivamente la industria de la construcción y la industria manufacturera local, induciendo una mayor demanda de cemento, el acero, y productos como ventanas, muebles, orfebrería, artesanías, alimentos y bebidas de todo tipo;  la industria del transporte marítimo y aéreo que trasladan desde y hacia países como Francia, Italia, Rusia y Canadá, y el transporte terrestre interno, que emplea dignamente a miles de dominicanos.

El comportamiento de los flujos de IED en nuestro país ha sido la piedra angular en el giro o la reorientación de nuestra economía hacia su internacionalización, lo que hoy llamamos el proceso de inserción global de nuestro país.  Ese fenómeno nos hace parte del Sistema Productivo Global, pues hoy día somos parte de la cadena de suministro de centenares de empresas transnacionales que realizan una parte esencial de la producción de bienes y servicios en nuestro territorio. 

Ese proceso de inserción y de conexión de la República Dominicana con el mundo no ha concluido, sino que viene acelerándose e incrementándose de manera vertiginosa.  Esto se refleja en los montos de capitales que captamos: hemos pasado de atraer un promedio de US$250-300 millones en la década de los noventa, a US$500-600 millones en el periodo 2000-2004, para encumbrarnos por encima de los US$2,000 millones anuales en los últimos años.

Y esto ha permitido que nuestro país esté trascendiendo las fronteras de los sectores tradicionales de inversión, para convertirse también en un espacio atractivo para los capitales foráneos que buscan oportunidades en sectores emergentes de la economía global.

Podemos citar que en los últimos 7 años, es decir, desde el 2004, los flujos de Inversión Extranjera Directa al país han totalizado US$12,214 millones, abarcando las áreas ya tradicionales de zonas francas y turismo, pero también sectores como las telecomunicaciones y tecnologías de la información, incluyendo los call centers, BPO, y desde luego, los servicios de Internet y Telefonía móvil, el sector inmobiliario/bienes raíces/comercio urbano, especialmente a partir de las fuertes inversiones venezolanas y europeas que se están levantando en la ciudad capital y otras zonas del territorio nacional; el sector de las energías convencionales y energías renovables; las inversiones en el sector financiero, con la aparición de nuevas entidades en el sector bancario y de seguros, así como las inyecciones de capital foráneo de la en bancos locales, así como en la construcción de obras de infraestructura como es el caso de la carretera Santo Domingo-Samaná, el Boulevar Turístico del Atlántico, así como puertos y aeropuertos.

Tres tendencias se observan a nivel mundial en cuanto a los flujos de IED. La primera es que aunque la IED disminuyó globalmente a partir de la crisis financiera del 2008, se han venido revitalizando, pero hoy, con la crisis de la zona Euro, toma más sentido traer los capitales a los países de economías emergentes, y a regiones particulares, como son América Latina y el Caribe y algunos países en Asia. Relacionado con esto encontramos como crece el flujo Sur-Sur, con empresas globales de países en desarrollo, sobre todo a partir de la emergencia de países como China, Brasil, México y la India, ya no solo como receptores sino también como grandes emisores de Inversión Directa.  Esto representa una gran oportunidad para nosotros en este lado del mundo.

Otra es la tendencia que se observa en el tipo de inversión denominada de “bajo carbono”, que incluye actividades como energía renovable, biocombustibles, operaciones de reciclaje y la fabricación o manufactura utilizando nuevas tecnologías y materiales amigables al medio ambiente.  De acuerdo a un reciente informe de la UNCTAD, este tipo de inversiones alcanzó un monto cercano a los 90 mil millones de dólares en el 2009, y muestra una tendencia de crecimiento impresionante.

La República Dominicana debe aprovechar esta tendencia, sobre todo por nuestra condición de isla en el Caribe y nuestra vocación hacia una economía sustentable, incluyendo una industria turística y agro-industrial cada vez más responsable de la protección ambiental.  De ahí que la estrategia de atracción que desplegamos tome esto en consideración, habiendo establecido por ejemplo, la Ley No. 157 de Energías Renovables, para estimular las inversiones en generación eólica, solar, biomasa, que junto a las actividades de reciclaje de desperdicios, constituyen excelentes oportunidades de inversión, y que ha permitido que ya tengamos instalados varios proyectos de este tipo de impacto positivo sobre el cambio climático.

La tercera tendencia se refiere a la notable importancia que están tomando las llamadas “formas no accionarias de la producción internacional” (Non-equity modes of Invesment), las cuales se refieren a los nuevos tipos de contratos de manufactura, el outsourcing de servicios, franquicias y nuevas modalidades de licenciamiento para la producción global.

Se estima que ya estas modalidades de producción generan ventas mundiales por encima de los 2 trillones de dólares y emplea a más de 16 millones de personas en el mundo, representando cerca de un 15% del PIB mundial.

La Inversión Extranjera, junto con la inversión de sectores nacionales, muchas veces en conjunto, en ocasiones a través de alianzas público-privada, ha sido la clave en el proceso de crecimiento de nuestra economía, y sobre todo, ha impulsado un proceso de transformación y diversificación económica sin precedentes en nuestro país. 

El sentir del Presidente Fernández y de su equipo económico, así como del sector empresarial dominicano es que debemos fortalecer cada día nuestro clima de negocios y posicionar la marca “República Dominicana” para continuar atrayendo las inversiones que contribuyen a construir una realidad de mayor bienestar, de mayor prosperidad y cada vez más digna para todos los dominicanos.